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Una más: Batalla del Alto de Los Godos



Batalla del Alto de Los Godos 25 de mayo de 1813
La Batalla del Alto de Los Godos fue un encuentro entre las fuerzas republicanas de Manuel Piar y las fuerzas realistas del capitán general Domingo Monteverde cerca de Maturín. Fue uno de los cinco intentos realistas de tomar la región y fue notable la participación de mujeres en el combate, tales como Juana Ramírez, «La Avanzadora».

Hay batallas que se pierden pero hay que seguir luchando: Batalla Naval de Sorondo 26 de marzo de 1812




La Batalla Naval de Sorondo fue un encuentro entre las escuadras republicana y realista el 27 de febrero de 1812, en el marco de la Guerra de Independencia de Venezuela.
Habiendo Venezuela declarado su independencia el 5 de julio de 1811 las provincias desconocen a la junta de gobierno y declaran su lealtad a Fernando VII, la junta de Gobierno en Caracas envía fuerzas militares para someterlos.
Los patriotas remontan el Orinoco con una escuadrilla de embarcaciones, ante la que los realistas se retiran a Guayana la Antigua tras haber perdido una goleta. Los patriotas forman una línea para bloquear el rio, apoyada por baterías en tierra, en Sorondo y en la costa del sur.
El 25 de marzo atacan los realistas con 8 goletas, 2 balandras y 6 lanchas cañoneras, rompiendo la línea por la parte sur y apresando un pailebot y dos lanchas. Al amanecer del 26 se continúa el combate. Los patriotas se ven obligados a retirarse tras ser incendiados tres de sus buques mayores, apresados 31 con 30 piezas de artillería y habiendo sufrido 260 muertos y 538 prisioneros. En el bando realista hubo 5 muertos y 8 heridos.

Una batalla más para que vivas: Segundo bombardeo de Buenos Aires 19 de agosto de 1811




El Segundo bombardeo de Buenos Aires fue dispuesto por el gobierno realista de Montevideo y efectuado por una escuadra comandada por el capitán de navío Juan Ángel de Michelena el día 19 de agosto de 1811.
Tuvo por objeto forzar a la Junta revolucionaria que gobernaba el proceso iniciado el 25 de mayo de 1810 en aquella ciudad al retiro de sus tropas de la Banda Oriental y a restar todo apoyo a las milicias rebeldes de la campaña hasta tanto el Consejo de Regencia se pronunciara respecto de la cuestión de fondo, la representación de los intereses de Fernando VII en el Río de la Plata.
Estas condiciones habían sido propuestas y rechazadas en julio de ese año tras el bombardeo de la ciudad.
El ataque fue efectuado aun cuando en ese momento se efectuaban negociaciones en Montevideo a requerimiento del mismo Elío.
Mientras la indignación popular impulsó a formar rápidamente un fondo para armar la mínima fuerza que recibiera el esperado regreso de Michelena, Elío invitó inmediatamente a la Junta a entablar negociaciones en territorio neutral, para lo que se proponía utilizar un navio británico frente a Montevideo, lo que fue aceptado por el gobierno revolucionario y el 12 de agosto se envió a Montevideo una misión diplomática compuesta por el Deán Gregorio Funes, el Dr.José Julián Pérez y el Dr. Juan José Paso. No obstante ese mismo día se presentó en balizas la escuadra de Michelena para nuevamente bombardear la ciudad, lo que suspendió a instancias del comandante británico y en razón de las tratativas iniciadas.
El 15 de agosto, aún en curso las negociaciones Elío envío a Michelena un oficio ordenándole que "continúe operando hostilmente sobre Buenos Aires, advirtiéndolo antes a la Junta por medio de un parlamento, sin que deba suspenderlas porque se halla pendiente la comisión de sus diputados, a menos que no se conforme con las proposiciones de la intimación que hice en 15 del próximo pasado".
El día 18 Michelena recibió sus órdenes, las que transmitió por parlamento directamente a la Junta. Esta, desde su sede en la Real Fortaleza, respondió que estando pendientes aún las negociaciones, la exigencia de aceptar las condiciones del 15 de julio era no solo indigna sino injusta e irracional y no dejaba otra opción que ratificar la respuesta dada el 16 de aquel mes.
En la madrugada del 19 de agosto, a las 00:45, la escuadrilla española inició una lenta aproximación. A las 7 de la mañana se ubicó en línea de combate pero con tan exagerada prudencia que recién seis horas después inició un fuego sostenido, siempre sin traspasar el banco frente a balizas, por lo que dada la distancia era por completo inútil.
Desde los cuatro pequeños lanchones que al mando de Bouchard protegían las balizas exteriores "como por burla y menosprecio...se les contestó a los tiros suyos con tiros de pistolas."
Finalmente, los lanchones abrieron fuego con su único cañón y respondieron esporádicamente para conservar munición y demostrar capacidad de fuego. El único avance realista fue el de uno de los faluchos que apoyado por una cañonera se desprendió de la línea, se aproximó algo y luego de intercambiar disparos retorno a su posición inicial. A las 17:30 los realistas se retiraron río adentro. Los únicos heridos entre los patriotas fueron tres hombres y a causa de un cañón que mal ajustado los hirió en su retroceso.

"Todas esta horas que hubo de tiroteo fue diversión para el vecindario, que lo más de él estuvieron sobre la barranca pasando el tiempo en reírse de los enemigos, que tan sólo de lejos hacían ruido y no se aproximaban de temor, sin poner en ejecución el bombardeo amenazado"
Beruti, Juan Manuel, Memorias Curiosas.

"las negras lavanderas de la playa se burlaban a gritos, golpeándose la boca con las manos y haciendo toda clase de ademanes, tan extravagantes como ridículos".
Robertson, John Parish, Letters on South America.

"Aún se hallaba a la una del día a una distancia considerable fuera del tiro de nuestros buques, y ya principió un cañoneo desesperado contra el río, donde inmensidad de gentes estaban siendo espectadores de su ridículo combate. Nuestros marineros en los palos les contestaban con tiros de pistola con pólvora, acompañando una griteria que cubría de vergüenza a cuantos españoles sensatos presenciaban aquella escena, la más humillante que habrá tenido la marina española en todas las repetidas veces, que su cobardía le ha acarreado la pifia hasta de las mujeres.[9] El bergantín Belén y demás buques grandes, donde probablemente vendrían los delicados oficiales de marina, se colocaron a una distancia en que no pudiesen alcanzarles nuestros fuegos, pero ni ofender ellos a nuestros buques. Sólo un falucho y una cañonera se aproximaron algo más, como para explorar el calibre de nuestra artillería, y si podría la suya ofender sin que les alcanzasen. Mas luego que recibieron uno o dos balazos, por lo que se observó, se retiraron a acompañar y seguir el fuego de la capitana contra los surubíes y pejerreyes del río."
Pedro José Agrelo. La Gazeta

Dar batalla en toda la extensión imaginable para triunfar al fin como en la Batalla de Las Piedras (18 de mayo de 1811)




La Batalla de Las Piedras se produjo a media mañana del 18 de mayo de 1811. Este enfrentamiento constituyó el primer triunfo importante de las fuerzas revolucionarias adherentes a las Provincias Unidas del Río de la Plata, en lo que luego sería Uruguay, al mando de José Gervasio Artigas.
Las fuerzas comandadas por Artigas se enfrentaron a las fuerzas imperiales de España despachadas por el gobernador de Montevideo Francisco Javier de Elío, las cuales se oponían a la autoridad de la Junta de Mayo de Buenos Aires. Los dos bandos se enfrentaron en nombre del rey Fernando VII.
El gobernador de Montevideo y ya entonces virrey del Río de la Plata, Francisco Javier de Elío, designó al capitán de fragata José Posadas, jefe de las fuerzas regulares que guardaban la Plaza fuerte. Posadas instaló su cuartel general en San Isidro Labrador de Las Piedras, en las cercanías de Montevideo, para librar allí un enfrentamiento decisivo contra los revolucionarios.
En tanto que José Artigas, se ubicó en la villa de Nuestra Señora de Guadalupe. Los artiguistas llegaron a conformar un ejército de mil hombres, en tanto que las milicias de Posadas estaban constituidas por 1.230 personas, de las cuales cerca de doscientas pasaron al bando de Artigas en medio del fragor de la lucha.
El 18 de mayo se produjo el enfrentamiento del que resultó la victoria para los revolucionarios. Fue luego de esta victoria que Artigas pronunció su famosa frase "Clemencia para los vencidos", en referencia a los heridos del ejército español. Después de la batalla murió el primo de José Artigas, Manuel Artigas, homenajeado en Buenos Aires por ser el primer oficial muerto en combate por la causa revolucionaria.
“Las ocupaciones que me han ofrecido el honroso cargo que usted tuvo a bien confiarme, no me han permitido, desde mi salida de esa capital, dar a usted una relación detallada de los movimientos practicados y el feliz suceso de las armas de la patria; pero he cuidado de avisarlos respectivamente al señor Belgrano y al coronel don José Rondeau, desde que fue nombrado jefe de este ejército, quienes creo lo harían a usted en iguales términos."
"Aprovecho sin embargo estos momentos para elevar a su conocimiento todas las operaciones de la división de mi cargo."
"Con ella llegué el 12 del corriente a Canelones, donde acampamos destacando partidas de observación cerca de los insurgentes que ocupaban las Piedras; punto el más interesante, así por su situación como por algunas fortificaciones que empezaban a formar y por la numerosa artillería con que lo defendían."
"En la misma noche se experimentó una copiosa lluvia, que continuó hasta las diez de la mañana del 16, en cuyo día destacaron los enemigos una gruesa columna a la estancia de mi padre, situada en el Sauce, a cuatro leguas de distancia de las Piedras, con objeto de batir la División de Voluntarios del mando de mi hermano don Manuel Francisco Artigas, que regresaba por orden mía de Maldonado, a incorporarse con mi División. Se hallaba acampado en Pando y luego que sus avanzadas avistaron al enemigo, me dio el correspondiente aviso pidiéndome 300 hombres de auxilio: en cuya consecuencia y de acuerdo con los señores capitanes determiné marchar a cortar a los enemigos."

Alberto Zum Felde considera a la Batalla de Las Piedras como decisiva para el futuro de la revolución. Ante la derrota de Belgrano en el Paraguay y el Paraná, sin la Batalla de Las Piedras la Revolución de Mayo hubiera sido ahogada.
Sin embargo, la victoria de Las Piedras será contrarrestada por la invasión portuguesa de la Banda Oriental promovida por las fuerzas de de Elío.

No morirás sin dar batalla aunque seas derrotado: Batalla de Tacuarí 9 de marzo de 1811




La Batalla de Tacuarí fue un combate ocurrido en el sur del Paraguay, entre fuerzas revolucionarias, al mando de Manuel Belgrano, miembro de la Primera Junta argentina de Gobierno, y las tropas paraguayas del coronel Manuel Atanasio Cabañas, en esa época al servicio de los realistas.
Al estallar la Revolución de Mayo en Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, la llamada Primera Junta de Gobierno invitó a las demás ciudades y provincias del mismo a unirse a la Revolución. Pero todo gesto en el sentido de conservar los gobiernos anteriores a la Revolución fue interpretado como hostil; en consecuencia, se ordenaron dos campañas militares a aplastar la resistencia, uno al Alto Perú y otro al Paraguay, cuyo gobernador español, Bernardo de Velasco, se había negado a reconocer a la Junta y había recibido el apoyo del Cabildo de Asunción.
Al mando de la campaña al Paraguay fue puesto Manuel Belgrano, miembro de la Junta que llevaba apenas 700 hombres, la mitad de ellos sin experiencia militar. No obstante, la prudente estrategia de Velasco lo llevó hasta Paraguarí, cerca de Asunción, donde logró derrotarlo con relativa facilidad.
Obligado a retroceder, Belgrano se dirigió hasta el río Tebicuary, donde se le unieron 400 hombres de las milicias guaraníes de Yapeyú y algunas compañías del Regimiento de Caballería de la Patria. Según anota en sus Memorias, los paraguayos no lo persiguieron, y así pudo continuar su retirada hasta el poblado de Santa Rosa. Allí recibió noticias de que se agravaba la situación en la Banda Oriental, por lo cual la Junta le ordenaba concluir pronto la campaña de Paraguay para atender al nuevo teatro de operaciones. A su vez, Belgrano pidió refuerzos y decidió detener la retirada en el río Tacuarí y resistir allí. Confiaba en poder mantener esa posición, siempre que Buenos Aires le mandara los refuerzos pedidos.
La ayuda enviada por la Junta fue una pequeña escuadra naval para remontar el río Paraná y auxiliar a Belgrano. Pero esta flotilla, compuesta de tres pequeños buques mandados por Juan Bautista Azopardo fue vencida en un combate naval el 2 de marzo frente a San Nicolás de los Arroyos. De modo que Belgrano quedó solo.
Los paraguayos avanzaron detrás de Belgrano, esperando que éste se retirara sin combatir después del desastre sufrido en Paraguarí. La vanguardia estaba al mando de Fulgencio Yegros y el grueso de las tropas al mando del general Manuel Cabañas, sumando en total unos 2.000 hombres, a los cuales se sumó un refuerzo de tres piezas de artillería y 400 soldados más.
En la mañana del 7 de marzo se produjo la concentración de las tropas paraguayas con la llegada de las fuerzas de Gamarra a la margen derecha del río Tacuary. Cabañas escribió ese día a Velazco:
“(...) estoy resuelto desde mañana a comenzar mis hostilidades al enemigo y no darle cuartel hasta el sábado en que pienso meterlo dentro de tres fuegos (...) [el plan] es pasar por un puente (...) cuatro piezas de artillería y mil hombres y atacarlos de improviso si es posible de aquella parte y enfrente (...) [apoyados] los fuegos de la falúa y dos botes que tengo apostados en la boca del Tacuary”.
El 8 de marzo se terminó de construir un puente sobre el río y comenzaron a pasar las tropas paraguayas. El 9 de marzo, los paraguayos atacaron de frente la posición de las fuerzas de Belgrano. Éste se hizo fuerte detrás del río Tacuarí, obligando a las fuerzas de Cabañas a salvar el río bajo fuego enemigo. Pero Cabañas dejó sólo una parte de sus fuerzas, incluida toda la artillería, en esa posición, y avanzó por una picada a través de la selva.
Por una senda abierta especialmente para esta operación, Cabañas atacó de costado al ejército porteño. El coronel José Machain se desplazó hacia el costado para repelerlo, pero fue rodeado por la caballería paraguaya y obligado a rendirse. Entonces Belgrano dejó apenas unos pocos hombres en su posición defensiva y marchó en ayuda de Machain. Al mando de los defensores del paso del río quedó el mayor Celestino Vidal, que quedó casi ciego por un cañonazo. Aun así logró derrotar a los atacantes, usando como lazarillo a un niño, tambor del ejército. Éste siguió tocando, animando a los soldados y transmitiendo las órdenes de su jefe, hasta que fue alcanzado por el fuego enemigo y cayó muerto. El niño correntino llamado Tambor de Tacuarí, de nombre Pedro Ríos, se convertiría con el tiempo en leyenda militar de la Argentina.
Belgrano se negó a rendirse ante el requerimiento de Cabañas, y se mantuvo en una firme resistencia, que obligó a los paraguayos a detener su avance. Rápidamente, Belgrano retrocedió con lo que quedaba de su ejército hasta una loma cercana. Desde allí envió una comunicación a Cabañas, en que le decía que:
"las armas de Buenos Aires han venido a auxiliar y no a conquistar al Paraguay. Pero, puesto que rechazan con la fuerza a sus libertadores, he resuelto evacuar la provincia, repasando el Paraná con el Ejército de mi mando…"
Cabañas tomó esa comunicación como un pedido de armisticio, y ordenó a Belgrano que, con su ejército, en el perentorio término de un día, abandonara la provincia.
A pesar de haber sufrido bajas, Belgrano logró algunos éxitos a partir de su exitosa defensa en Tacuarí.
En primer lugar, logró sacar del Paraguay una parte importante de su ejército, unos 400 hombres, incluidos los prisioneros tomados junto a Machain. Estos hombres serían la base del futuro ejército argentino que haría la campaña en la Banda Oriental, en apoyo a los orientales, dirigidos por José Artigas.
Por otro lado, Belgrano redactó e hizo que el general Cabañas llevara a Asunción su propuesta de base para un tratado de paz entre Asunción y Buenos Aires; este incluía la liberación del comercio entre las dos capitales y la formación de una junta de gobierno en Asunción. Además pedía que esta junta enviara un diputado, que se incorporaría a la Junta de Gobierno instalada en Buenos Aires y negociaría allí las indemnizaciones que debía pagar la capital por la guerra que había llevado a Paraguay. Hábilmente, condicionaba las indemnizaciones a la formación de una Junta autónoma y al reconocimiento de la Junta porteña.
Su máximo éxito, de todos modos, fue lograr que en el Paraguay se comenzara a considerar seriamente la Independencia, algo que había sido rechazado por diversas razones. En efecto, poco después, el 14 de mayo, los propios paraguayos declararon su independencia de hecho y se dieron su primer gobierno. Entre sus impulsores se encontraban varios de los vencedores en Tacuarí, especialmente Fulgencio Yegros.
No obstante, la campaña de Belgrano no logró que el Paraguay se incorporara a las Provincias Unidas del Río de la Plata, en que se agruparon las ex provincias del Virreinato del Río de la Plata.
Por su fracaso militar en el Paraguay la Junta de Buenos Aires le inició a Belgrano una causa el 6 de junio de 1811, aunque no había un cargo concreto hacia él, sino una petición del pueblo para que se hiciesen los cargos a que hubiese lugar. Sin embargo, no solo nadie presentó cargos en su contra, sino que los oficiales que habían actuado en la campaña al Paraguay manifestaron en un documento no tener quejas y defendieron su sacrificio patriótico y heroico valor así como su conducta intachable.
Finalmente el gobierno resolvió el 9 de agosto de 1811 absolverlo y emitir el veredicto en la Gazeta de Buenos Ayres
“...se declara que el general don Manuel Belgrano se ha conducido en el mando de aquel ejército con un valor, celo y consistencia digno del reconocimiento de la patria...”

Dar batallas para que no te mueras: Batalla de Guanajuato 26 de noviembre de 1810 - Batalla de Real del Rosario 18 de diciembre de 1810




La Batalla de Guanajuato fue un enfrentamiento militar ocurrido el 26 de noviembre de 1810 en Guanajuato, como marco de la Guerra de Independencia de México. El bando insurgente era comandado por Ignacio Allende y el realista por Félix María Calleja del Rey. Tras varias horas de combate, los realistas entraron en la ciudad y ejecutaron a los insurgentes. Finalmente, las fuerzas insurgentes escaparon hacia Guadalajara.

La Batalla de Real del Rosario fue una acción militar de la Guerra de Independencia de México, efectuada el 18 de diciembre de 1810, en Real del Rosario, Sinaloa. Los insurgentes comandados por el Gral. José María González Hermosillo, lograron derrotar a las fuerzas realistas del coronel Pedro Villaescusa. El Gral. José María González Hermosillo tomó prisionero al coronel Villaescusa además de haber capturado 6 piezas de artillería. González Hermosillo permitió que el coronel Villaescusa se retirara del campo si este firmaba una capitulación y prometía no volver a levantarse en armas. Villaescusa firmó la rendición de sus tropas y salió con rumbo a San Ignacio Piaxtla donde lejos de respetar su acuerdo comenzó a hacer preparativos para enfrentar de nueva cuenta a los insurrectos.

Para que no te mueras: Toma de Guadalajara 10 al 26 de noviembre de 1810




La Toma de Guadalajara de 1810 fue una acción militar de la Guerra de Independencia de México, efectuada entre el 10 de noviembre al 26 de noviembre de 1810, en la ciudad de Guadalajara, Jalisco.
El 10 de noviembre "El Amo Torres" avanzó con todas sus tropas sobre la actual capital del estado de Jalisco, la situación realista en la ciudad era de completo desconcierto, el gobernador Roque Abarca se había retirado a la población de San Pedro Tesistán, dejando el poder y comandancia en manos del ayuntamiento.
Los insurgentes comandados por el Gral. José Antonio Torres, lograron derrotar a las fuerzas realistas del coronel Manuel del Río.
 
Las fuerzas realistas huyeron con dirección a Tepic y San Blas, por lo que ya sin tropas con que enfrentar al Ejército Insurgente, el Ayuntamiento no tuvo otra opción que capitular el área. Pactadas las condiciones de la rendición de la plaza, el 11 de noviembre entraron las fuerzas insurgentes. La tarde del mismo día, José Antonio Torres rindió parte a Ignacio Allende, quien era Teniente General de los ejércitos americanos, de la toma de Guadalajara, y de la de Colima que había tomado su hijo mayor sin resistencia.

Para que no te mueras damos batalla: Suipacha y Aculco 7 de Noviembre de 1810



Batalla de Suipacha
La batalla de Suipacha fue un enfrentamiento ocurrido el 7 de noviembre de 1810 entre las fuerzas del Ejército del Norte enviadas por la Primera Junta de gobierno de Buenos Aires durante la primera expedición auxiliadora al Alto Perú y las fuerzas realistas españolas. Fue el primer triunfo de los ejércitos argentinos en la guerra de independencia.
La batalla se produjo a 25 km de Tupiza, en la población de Suipacha, a orillas del río Suipacha en la provincia Sud Chichas del Departamento de Potosí en la actual Bolivia, entonces Intendencia de Potosí.
Después del desfavorable combate de Cotagaita ocurrido el 27 de octubre, las fuerzas revolucionarias se vieron obligadas a retirarse en dirección a Tupiza sin ser perseguidas por los realistas. El 5 de noviembre las fuerzas realistas comenzaron la marcha hacia Tupiza, luego de recibir a Nieto con 100 veteranos de los Granaderos Provinciales de La Plata provenientes de Chuquisaca y a Basagoytía con 350 hombres de las milicias de Puno y de Arequipa, por lo que al día siguiente Balcarce desalojó ese pueblo, que fue ocupado al día siguiente por 1.200 realistas, y se situó en Nazareno el 6 de noviembre, ubicado sobre el río Suipacha frente a la población de Suipacha, en donde recibió por la noche un refuerzo de 200 hombres provenientes de Jujuy con dos piezas de artillería, junto con municiones y la paga de las tropas. Córdoba había recibido informes falsos sobre la moral combativa de las fuerzas de González Balcarce, convenciéndose de que marchaban descontentos y mal armados y por lo tanto sería relativamente fácil dispersarlos, tampoco se había enterado de la llegada de refuerzos con municiones y cañones.
El Ejército del Norte tenía inferioridad numérica, 800 realistas con 4 cañones contra 600 patriotas con 2 cañones. Formaban parte del ejército realista de observación los veteranos del Real Borbón y del Cuerpo de Voluntarios del Rey, éste al mando del capitán José Fernando de Fontaneda, que habían partido de Buenos Aires en 1809 para reprimir las sublevaciones del Alto Perú y que luego formaron el Batallón Fernando VII.
Cuando el 7 de noviembre la vanguardia realista tomó contacto visual con las tropas de Balcarce, éste había ocultado gran parte de su infantería y artillería entre los cerros y quebradas vecinas.
Situados frente a frente sin atacarse hasta las 3 de la tarde, González Balcarce se impacientó e ideó un plan para forzar a Córdoba a atacarlo, para eso hizo adelantar 200 hombres sobre la playa del río y con dos cañones abrió fuego, lo que dio inicio al enfrentamiento cuando Córdoba destacó algunas fuerzas de guerrilla. González Balcarce desplegó más tropas y Córdoba envió batallones para reforzar a sus guerrillas abandonando sus posiciones seguras. González Balcarce ordenó simular una retirada en aparente desorden, haciendo caer en la trampa a Córdoba, quien dio la orden de perseguirlos con todas sus tropas hasta las proximidades de la quebrada de Choroya. Allí las fuerzas de González Balcarce que en apariencia huían, giraron para enfrentarlos, mientras las tropas de infantería y la artillería que estaban ocultas entre los cerros aparecieron bruscamente, emboscando a los realistas, quienes se dieron a la fuga arrojando banderas, armas y municiones, siendo perseguidos por tres leguas.
La batalla duró media hora y concluyó con una fácil victoria para los revolucionarios ya que los realistas abandonaron el campo de batalla en fuga, dejando la artillería. Fueron tomados 150 prisioneros realistas. La aparición de indígenas para observar la batalla desde los cerros hizo pensar a Nieto que se trataban de fuerzas de refuerzo y se precipitó en fuga sin esperar el resultado de la batalla.
En la batalla, junto con las tropas provenientes de Buenos Aires (275 combatientes), participaron, salteños, jujeños, oranenses, tarijeños, cinteños y la Caballeria chicheña de Tupiza, comandada por el coronel Pedro Arraya. Martín Miguel de Güemes, quien estaba al frente de los salteños fue posteriormente a la batalla despojado de su rango militar por desavenencias con Castelli y devuelto a Salta, mientras que sus tropas fueron incorporadas al Ejército del Norte. Las evidencias históricas señalan a Güemes como el ejecutante de las acciones de Suipacha, sin embargo Castelli no lo menciona en el parte de batalla.
El ejército realista que luchó en Suipacha sufrió una completa derrota, perdió sus 4 cañones, sus tiendas de campaña, armas, municiones, 10.000 pesos en plata, víveres y se desintegró por completo.
El triunfo de Suipacha tuvo un fuerte efecto moral, los jefes realistas del Alto Perú perdieron todo su prestigio, que se vio reflejado en el pronunciamiento de las ciudades de Potosí el 10 de noviembre apresando a su gobernador Paula Sanz, Chuquisaca, La Paz y Cochabamba (en donde Esteban Arze consiguió el triunfo de Aroma el 14 de noviembre) en favor de la Junta de Buenos Aires, ciudad en donde produjo una euforia generalizada.
En el momento de la batalla Juan José Castelli se hallaba en Yavi, desde donde el 8 de noviembre informó a la Junta sobre la victoria, redactando dos días después en Tupiza el parte completo, llevado a Buenos Aires por el mayor de patricios Roque Tollo.

Batalla de Aculco
La Batalla de Aculco fue un enfrentamiento militar, ocurrido el 7 de noviembre de 1810 en los llanos de Aculco, población del Estado de México. Fue una de las batallas de la Guerra de Independencia de México, y se llevó a cabo en el momento en que Miguel Hidalgo había decidido retirar sus tropas, que habían triunfado en la Batalla del Monte de las Cruces, el 30 de octubre de ese año.
El 1 de noviembre, las fuerzas insurgentes se entrevistaron con el virrey Francisco Xavier Venegas, quien logró hacer retroceder a los insurrectos. Esta decisión causó disturbios entre el ejército insurgente, quien, alentado por Ignacio Allende, obligó a Hidalgo a presentar batalla en las lomas de Aculco. El gobernador militar de San Luis Potosí, Félix María Calleja, se presentó en Aculco a enfrentar a los insurgentes. La mañana del 7 de noviembre, las fuerzas realistas atacaron al campamento mexicano, quienes se vieron impotentes y huyeron de inmediato. Así fue la primera derrota importante del ejército insurgente.

Para que no te mueras vamos a dar batalla: Batalla del Monte de las Cruces 30 de octubre de 1810



http://www.youtube.com/watch?v=Y0WvR_1SzpU

La situación política de España, invadida por Napoleón Bonaparte en 1808, propició una serie de conflictos en México y en otros países de Hispanoamérica, que dieron origen a la Guerra de Independencia Hispanoamericana. El Virreinato de Nueva España vivió la Crisis política de México en 1808, agudizada por la Conspiración de Valladolid y la Conspiración de Querétaro, en 1809 y 1810, respectivamente. El 16 de septiembre, el cura de Dolores, Guanajuato, Miguel Hidalgo y Costilla lanzó el Grito de Dolores, con el que inició formalmente la Guerra de Independencia de México. El 28 de septiembre entraron en Guanajuato luego de una estruendosa batalla en la que murieron muchos combatientes de ambos lados en guerra. Sin ninguna resistencia, el generalísimo Hidalgo tomó Valladolid el 17 de octubre, desde donde planeó entrar en Toluca para luego apoderarse de la ciudad capital.
 Fue en este contexto cuando se realizó la batalla del Monte de las Cruces, que muchos historiadores consideran el primer encuentro bélico de los insurgentes realizado con formalidad, ya que el anterior, la Toma de Granaditas, es tomado en cuenta más como un motín que como una batalla.
La Batalla del Monte de las Cruces fue un enfrentamiento militar ocurrido en Monte de las Cruces, cercano a Toluca, Estado de México, el 30 de octubre de 1810, entre las fuerzas del Ejército Insurgente, dirigido por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende, y las fuerzas leales a la Corona española, comandadas por el general Torcuato Trujillo.
Venegas preveía el ataque insurgente a la capital, por lo que de inmediato organizó las tropas realistas al mando de Trujillo, y poco después se dio a la tarea de reclutar a hombres en edad de luchar, formados en un grupo conocido como "Los Patriotas de Fernando VII", y tomaron como santa patrona a la Virgen de los Remedios, a quien se le impuso el uniforme de generala del ejército realista.
Mientras Venegas intentaba organizar tropas en la capital, el comandante general de San Luis Potosí, Félix María Calleja del Rey salió de su territorio con doscientas brigadas de soldados realistas, y se reunió con el intendente de Puebla, Manuel de Flon en Querétaro, y su objetivo era alcanzar a Trujillo para detener a Hidalgo en Ixtlahuaca. Pero antes de llegar a su destino, debieron sofocar un levantamiento en Dolores, donde saquearon además la casa del cura Hidalgo.
Tras fracasar en su intento de detener a los independentistas en Ixtlahuaca, Trujillo y su ejército se retiraron a las lomas de Lerma y Atengo, esperando un posible ataque de las fuerzas de Hidalgo. Al observar que su posición no era estratégica, el general español se replegó al Monte de las Cruces, donde decidió aguardar hasta la batalla, junto al ejército español, compuesto por mil soldados de infantería, cuatrocientos miembros de caballería y dos cañones.
Los insurgentes pudieron reunir ochenta mil hombres, la mayoría indígenas sin experiencia militar y armados únicamente con lanzas y machetes. La caballería insurgente era dirigida por Juan Aldama y estaba compuesta por los regimientos de Celaya, Pátzcuaro y Guanajuato. Fue una batalla entre militares de origen mexicano, pues con excepción del brigadier Trujillo y sus oficiales más allegados, todos los demás combatientes eran mexicanos. Venegas conocía que esta batalla sería crucial para el desarrollo de la guerra y la mañana del 30 de octubre envió el siguiente parte a Trujillo:
"Trescientos años de triunfos y conquistas de las armas españolas en estas regiones nos contemplan... Vencer o morir es nuestra divisa. Si a usted le toca pagar ese precio en ese punto, tendrá la gloria de haberse anticipado a mí de pocas horas en consumar tan grato holocausto: yo no podré sobrevivir a la mengua de ser vencido por gente tan vil y fementida".
En las primeras horas del combate, Jiménez desplegó el grueso de sus fuerzas contra las de Octavio Mendívil, lugarteniente de Trujillo, quien fue sorprendido por el ataque de Jiménez y ordenó hacer fuego a sus cadetes de artillería, que por momentos barrían filas enteras de soldados insurgentes. El teniente Agustín de Iturbide, pudo detener a los refuerzos que eran dirigidos por Juan Aldama, pero perdió a uno de sus caballos en el intento, y estuvo a punto de ser ejecutado, pero logró escapar. Ignacio Allende, convencido por el cura Hidalgo y los principales jefes indígenas, se lanzó a atacar al grueso de Trujillo y su escolta personal. El comandante español ordenó la retirada de sus tropas rumbo a la ciudad capital, dando culminación así al enfrentamiento. Los realistas perdieron a quinientos de sus elementos y muchas armas y municiones.
Los insurgentes estaban ansiosos por entrar a la Ciudad de México, entonces descrita por el viajero alemán Alexander von Humboldt como "La ciudad de los palacios". Pero Hidalgo decidió enviar el 1 de noviembre a Mariano Abasolo y a Allende como emisarios para negociar con Venegas la entrega pacífica de la ciudad a las tropas sublevadas. El virrey, lejos de aceptar un acuerdo, estuvo a punto de fusilar a los negociantes, de no ser por la intervención del Arzobispo de México y otrora virrey, Francisco Xavier de Lizana y Beaumont. Pero Hidalgo comenzó a reflexionar y ordenó la marcha del Ejército Insurgente la noche del 3 de noviembre, no hacia la capital, sino con rumbo al Bajío, donde el 7 de noviembre Calleja les alcanzó en San Jerónimo Aculco, paraje en que fueron derrotados, hecho conocido como la Batalla de Aculco. Después de la derrota, surgió un distanciamiento entre Hidalgo y Allende, por lo que el cura de Dolores decidió retirarse a Valladolid, acentuando así las diferencias y el distanciamiento con Allende, que incluso intentó envenenarlo.