Me encontré, me encontraron, nos encontramos.



Y un día me levanté, como todos los demás, pero me di cuenta de algo: que no estaba. O mejor dicho, que estaba, pero no estaba. Alguien me entenderá.

El tiempo transitó su camino de siempre, ese que tiene una sola dirección y que nunca vuelve. Me desperté pensando encontrarme, pero no lo hice. El cielo cambió de color, la primavera se transformó en verano y yo me seguía buscando. Me busqué detrás de los espejos, en los charcos que dejaron las lluvias de noviembre. Lo hice también debajo de cada sombra veraniega, en cada canto de la chicharra. Pensé encontrarme detrás de un título universitario, pero mi búsqueda era…. Búsqueda que no sólo era mía, sino que otras se sumaron, a veces en silencio otras a los gritos, pero todas por su cuenta. Es que a ninguna dejé acercarse a buscar conmigo. Continúe buscando en cada trago de cerveza, en cada estallido del cielo aquel 24 de diciembre. Nada. Sumando kilómetros en dirección al sur salí en mi búsqueda. Miré en cada montaña, en cada lago, estrella, nube, árbol, ciudad, casa, plaza, bar… si hasta en el viento me busqué, iluso de encontrarme en su surco. Me fui de la montaña a probar suerte en la costa. Tal vez, al no conocerla me había allí. La misma historia. Todo y nada al mismo tiempo. Todo: lo lindo de haber recorrido tantos lugares diferentes; nada: la desilusión de saberme perdido. Otra vez acá la búsqueda siguió, más por quienes quería volver a verme, que por mi mismo. Muchos soles dibujaron su línea imaginaria de este a oste. Una misma cantidad fueron las lunas que por allí pasaron. Desde hacía un tiempo me buscaba en los libros, Saramago y Galeano fueron los primeros, tampoco encontré rastros de mi. Me fui a la música, tampoco estaba entre acordes y melodías. Los demás pasaron más cerca de mí, de lo que había pasado yo. Sin embargo, testarudo, cerrado y en silencio continué. Ya no me fui tan lejos, comencé a hacerlo cerca.

Fue una semana de febrero, dónde palabras cruzadas hicieron eco en lo profundo de un oscuro y vacío callejón. Fin de semana lluvioso que entorpeció la búsqueda, pero sembró algo que, ojalá, se disfruté en el futuro. Lunes de decisión importante, seguro apostar a lo nuevo, para así hacer que ese horizonte imaginario avance hacia nosotros. Martes, no se bien que pasó. En realidad sí, ellos sabían que estaban cerca de encontrarme. El miércoles fue el día, digamos casi jueves. Primero ella, a quien quiero demasiado, señalándome, sin saberlo, la dirección que debía seguir. De a poco sentí que sabía dónde estaba. Después vino el texto de él, que de escribir sabe mucho, que me marcó el camino. Seguí las señales y ahí me encontré, solo, temblando en el calor de un cielo negro. Sentado de piernas recogidas y el mentón en las rodillas con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta. El corazón huyó con la razón y juntos corrieron a abrazarlo, a abrazarlo. Acá estamos, en realidad acá estoy, sentado en el sillón, copa de vino en mano brindando, feliz, de haber vuelto para cumplir los sueños.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuanto mas paciente mas sabio no?
RR

Chuli! dijo...

Uh. Flash!

Simplemente: ¡espectacular!
Y sí... el que busca encuentra dicen por ahí ¿no?

Guillita dijo...

Que bueno que te encontraste primo..y de la mano de dos personas que te quieren tanto. Yo te adoro con el alma, los lazos de sangre nos hicieron primos-hermanos, pero el corazon y la vida nos hace HERMANOS-primos..eso si se elige!!!

Te quiero mucho Negrito, y me hacen inmensamente feliz tu felicidad y tu encuentro..

alvaro dijo...

que bueno el triunfo del amor¡¡¡¡
ven, las cosas no son tan jodidas.



aunque puede ser que la distancia filtre un poco de mierda que no deja ver, no?

saludos membrillescos desde la ciudad cuadrada.

Anónimo dijo...

negro me alegra que te hayas encontrado, no es dificil perderse de vez en cuando, lo complicado es tener el coraje de salir a buscarnos sin saber que vamos a encontrar o como. te quiero mucho negrito cuidate