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El Asalto y saqueo de San Nicolás en octubre de 1812 fue uno de las acciones principales efectuadas por la escuadra realista sobre las riberas de las Provincias Unidas del Río de la Plata en procura de abastecimientos para la ciudad de Montevideo y en hostigamiento del territorio que luchaba por su emancipación.
Al producirse la Revolución de Mayo de 1810, el Río de la Plata se convirtió pronto en uno de los epicentros del conflicto al conservar los realistas el dominio de los ríos con base en Montevideo.
A fines de julio de 1812 dos corsarios pudieron pasar sin ser sentidos la batería de Punta Gorda al mando del alférez de la artillería patriota Francisco Portilla y llegar a la boca del Río Colastiné donde el 31 de julio capturaron varios buques mercantes que descendían del Paraguay. A la altura de la Bajada del Paraná el 4 de agosto la sumaca Dolores transportando 60 hombres del Regimiento de Patricios al mando del teniente coronel Benito Álvarez consiguió recuperar la mayor parte del convoy y poner en fuga a la escuadrilla enemiga.
En la madrugada del 9 de octubre de 1812 la escuadrilla realista al mando de Manuel Monteverde reforzada a cinco buques ancló en el puerto de San Nicolás de los Arroyos y a las 7 de la mañana desembarcó una división de 150 hombres con siete piezas de artillería volante por 2 puntos de la costa.
El comandante de milicias de la plaza teniente Juan Correa había enviado 19 hombres en seguimiento de buques que se dirigían al Rosario, por lo que ante escaso de sus efectivos se retiró tras intentar evacuar a la mayor cantidad de familias posibles del pueblo y se limitó a observar desde la distancia, con el objetivo de hostilizar cualquier salida que efectuara en partidas el enemigo.
El asalto de San Nicolás se redujo a una acción de saqueo y destrucción de la villa que se mantuvo hasta las cinco de la tarde:
"Forzaron a cañonazos una de las puertas del templo y entraron dentro, y se robaron el copón, un incensario y todas las albas. No ha quedado casa, tienda ni pulpería que no haya sido robada, géneros, alhajas, y quanto había se lo llevaron. En lo de Warnes rompieron quanto pudieron cargar y últimamente le llevaron una criada."
En esas circunstancias fue muerto a bayonetazos después de recibir un culatazo en la cabeza por los marinos de la escuadrilla española el doctor Miguel Antonio Escudero de Rozas, presbítero del pueblo, aún después de haber entregado todos los bienes que poseía.
Al día siguiente, sábado 10 de octubre la escuadra partió rumbo a Montevideo cruzándose con una segunda escuadrilla compuesta de un bergantín, una goleta y un falucho, que subía el Río de la Plata rumbo al Paraná. Tras bombardear la ciudad, efectuaron un nuevo desembarco de 100 hombres con 10 piezas de artillería, terminando de destruir el poblado y partiendo el día 11 rumbo a Rosario.
En la Gaceta del 16 de octubre de 1812 se reproduce el parte del comandante de San Nicolás, Juan Correa, y en El Grito del Sud, en su edición del martes 12 de octubre de 1812 una carta del cura Mariano Gadea relatando los hechos del que "fue para este pueblo día de confusión y de llanto".
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La Batalla de Escamela fue una acción militar de la Guerra de Independencia de México, efectuada el 28 de mayo de 1812, en la localidad de Escamela, perteneciente al municipio de Ixtaczoquitlán, Veracruz. Los insurgentes comandados por el Gral. José María Morelos y Pavón se enfrentaron contra las fuerzas realistas, conformadas por españoles peninsulares y americanos. La batalla se llevó a cabo como un acción estratégica para la consecuente Toma de Orizaba en Veracruz. Como resultado, la batalla permitió la salida de los realistas en Ixtaczoquitlán.
La batalla de Tucumán fue un enfrentamiento armado librado el 24 y 25 de septiembre de 1812 en las inmediaciones de la ciudad argentina de San Miguel de Tucumán, en el curso de la Guerra de Independencia Argentina. El Ejército del Norte, al mando del general Manuel Belgrano a quien secundara el coronel Eustaquio Díaz Vélez en su carácter de mayor general, derrotó a las tropas realistas del general Pío Tristán, que lo doblaban en número, deteniendo el avance realista sobre el noroeste argentino. Junto con la batalla de Salta, que tuvo lugar el 20 de febrero de 1813, el triunfo de Tucumán permitió a los rioplatenses confirmar los límites de la región bajo su control.
La región del Alto Perú, la actual Bolivia, estaba nuevamente en manos de los realistas desde la derrota de la batalla de Huaqui, en la que el inexperto porteño Juan José Castelli no pudo hacer frente a las tropas de Tristán.
Las órdenes del Primer Triunvirato habían puesto a Belgrano al frente del Ejército del Norte el 27 de febrero de 1812; instalado su cuartel general en San Salvador de Jujuy. Desde allí Belgrano intentaba reanimar la moral de la tropa derrotada en Huaqui. Fue con ese ánimo que, el 25 de mayo enarboló en San Salvador de Jujuy la bandera que había creado meses atrás, y la hizo bendecir en la Catedral jujeña por el canónigo Gorriti.
Pronto notó que no estaba en condiciones de defender adecuadamente la plaza, y el 23 de agosto ordenó la retirada masiva de toda la población hacia el interior del territorio tucumano, en el llamado Éxodo Jujeño. Civiles y militares se replegaron, arrasando a su paso todo lo que pudiera dar cobijo o ser útil a los realistas. Cuando los españoles entraron, hallaron la ciudad solitaria y sin habitantes:
"Estaba desierta y desmantelada, y espantado del aspecto tristísimo de aquellos hogares desamparados y de aquellas calles mudas y tristes después de la agradable animación de otros tiempos"
Las órdenes del Triunvirato ordenaban al Ejército del Norte hacerse fuerte en Córdoba. Sin embargo, Belgrano concibió la idea de detenerse en Tucumán, donde la población está dispuesta a sumarse al ejército. La victoria el 3 de septiembre en un combate sobre el río Las Piedras entre su retaguardia y dos columnas de avanzada de la tropa de Tristán confirmó su propósito; logró prender al jefe de la columna, el coronel Huici y una veintena de soldados. Despachó a Juan Ramón Balcarce hacia la ciudad, ordenándole reclutar y entrenar en la medida de lo posible un cuerpo de caballería a partir de los milicianos locales, con cartas para la rica y poderosa familia Aráoz, dos de cuyos integrantes, Eustoquio Díaz Vélez y Gregorio Aráoz de La Madrid, prestaban servicios bajo su mando como mayor general o segundo jefe y teniente respectivamente.
La misión de Balcarce, unida a los rumores de que la tropa se retiraba hasta Córdoba, causó comprensible alarma en la ciudad. Tañeron las campanas del Cabildo y el cuerpo, en sesión pública, dispuso enviar tres representantes — los oficiales Bernabé Aráoz y Rudecindo Alvarado y el eclesiástico doctor Pedro Miguel Aráoz — ante Belgrano, para pedirle que diera batalla a los españoles en Tucumán. Al llegar a Tucumán el 13 de septiembre, Belgrano encontró a Balcarce con 400 hombres — sin uniformes y armados sólo con lanzas, pero bien organizados — y a la ciudad dispuesta a ofrecerle apoyo; Belgrano, según muchos historiadores, no buscaba más que ese pretexto para desobedecer la orden de retirada. Les dijo que se quedaría si su fuerza era engrosada con 1.500 hombres de caballería, y si el vecindario le aportaba 20.000 pesos plata para la tropa, cantidades que la comisión ofreció duplicar. Decidió ignorar por lo tanto las intimaciones del Triunvirato y hacerse fuerte allí.
Mientras tanto, el ejército realista avanzaba con dificultad, al no hallar en el terreno arrasado medios o instalaciones para cobijarse o reaprovisionarse; partidas irregulares organizadas por los locales y el ejército de Belgrano los hostigaban constantemente. No fue hasta el 23 de septiembre cuando, desde el paraje de Los Nogales, donde avistó Tucumán, recibió Tristán noticia de que el Ejército del Norte estaba acampado en la plaza y dispuesto a darle allí batalla.
En la mañana del 24 de septiembre de 1812, día del combate, el general Belgrano estuvo orando largo rato ante el altar de la Virgen, e incluso la tradición cuenta que solicitó la realización de un milagro a través de su intercesión.En esos mismos momentos, Tristán ordenó la marcha hacia la ciudad. Algunas fuentes indican que, en lugar de tomar el camino directo, rodeó la plaza desde el sur, intentando prevenir una posible huida de los patriotas en dirección a Santiago del Estero. Otras afirman que en el paraje de Los Pocitos se encontró repentinamente con los campos incendiados por orden del teniente de Dragones La Madrid, natural de la zona, que contaba con la velocidad del fuego avivado por el viento del sur para desordenar la columna española. En todo caso, utilizó el viejo camino real del Perú para poner frente a la ciudad a una legua de ésta, en el paraje del Manantial.
Mientras tanto, y aprovechando la confusión provocada por el fuego, Belgrano — que había dispuesto al alba sus tropas al norte de la ciudad — había cambiado su frente hacia el oeste, contando con una visión clara de las maniobras de Tristán, y plantó cara a éste en un terreno escabroso y desparejo llamado el campo de las Carreras. La rápida embestida sobre el flanco de Tristán apenas dio tiempo a éste de reorganizar su frente y ordenar montar la artillería.
Belgrano había dispuesto la caballería en dos alas: la derecha, al mando de Balcarce, era más numerosa — contaba con la tropa gaucha recién reclutada — que la izquierda, al mando del Coronel Eustoquio Díaz Vélez
La infantería estaba dividida en tres columnas, comandadas por el coronel José Superí la izquierda, el capitán Ignacio Warnes la central, y el capitán Carlos Forest la derecha, junto a la cual una sección de Dragones apoyaba la caballería. Una cuarta columna de reserva estaba al mando del teniente coronel Manuel Dorrego; el barón Eduardo Kaunitz de Holmberg comandaba la artillería, ubicada entre las columnas de a pie, demasiado dividida entre las mismas para ser efectiva, siendo su ayudante de campo José María Paz.
Fue la artillería la que inició el combate, bombardeando los batallones de Cotabambas y Abancay, que respondieron cargando a la bayoneta. Belgranó ordenó responder con la carga de la infantería de Warnes, acompañada de la reserva de caballería del capitán Antonio Rodríguez, mientras que la caballería de Balcarce cargaba sobre el flanco izquierdo de Tristán; la carga tuvo un efecto formidable. Lanza en ristre, avanzaron haciendo sonar sus guardamontes y con tal ímpetu que la caballería de Tarija se desbandó a su paso, retrocediendo sobre su propia infantería y desorganizándola hasta tal punto que sin encontrar casi resistencia la caballería tucumana alcanzó la retaguardia del ejército enemigo.
Es imposible saber qué efecto hubieran podido tener de cargar desde ese sitio, en un movimiento de pinzas; compuesta en general por hombres de campo e ignorantes de la disciplina militar, buena parte de la caballería gaucha rompió la formación para apoderarse de las mulas cargadas con los avíos, incluyendo fuertes sumas en metales preciosos, del ejército realista. Con ello lo privaron también de sus reservas de munición y de provisiones, con las que se retiraron del campo de batalla. Sólo la sección de Dragones que le daba apoyo y la caballería regular al mando de Balcarce mantuvo el frente, pero junto con la pérdida de su equipaje ello bastó para confundir y desorganizar esa ala.
Mientras tanto, al otro lado del frente el resultado era muy distinto: pese a la presencia del mismo Belgrano, el avance de caballería e infantería de los realistas fue imparable, tomando prisionero al coronel Superí. Sin embargo, la firmeza de la columna central permitió a los patriotas recuperar terreno y recobrar a Superí, pero los avances desiguales fraccionaron el frente, haciendo la batalla confusa, incomprensible para sus comandantes y dejando en buena medida las acciones a cargo de los oficiales que encabezaban cada unidad.
La providencial aparición de una enorme bandada de langostas, que se abatieron sobre los pajonales confundió a los soldados y oscureció la visión, acabando de descomponer el frente. Las versiones tradicionales refieren que fue tal la confusión sembrada por aquel enjambre de langostas que hizo parecer a los ojos de las fuerzas españoles, un número muy superior de tropas patriotas, lo que habría provocado su retirada en la confusión.
Tristán intentó retroceder para organizar a su tropa; en las maniobras para ello, abandonó su parque, que encontró la columna de Eustoquio Díaz Vélez virtualmente desprotegido. Junto con un grupo de infantería de Manuel Dorrego, recobró treinta y nueve carretas cargadas de armas y munición, y la condujo, junto con los cañones que se puedo arrastrar, a la ciudad; tomaron además numerosos prisioneros y las banderas de los regimientos Cotabambas, Abancay y Real de Lima.
Belgrano, a su vez, desconocedor del resultado, intentaba recomponer su tropa cuando encontró al coronel José Moldes, quien había desempeñado el grueso de las funciones de observación. Ambos lograron localizar a Paz, y a través de éste a lo que quedaba de la caballería en el campo. Se les sumó poco después Balcarce, el primero en atreverse a calificar de victoria la situación, juzgando que el campo cubierto de cadáveres y despojos españoles es indicio del resultado, aunque se desconocía por completo el estado de la infantería y de la ciudad. Reordenar la hueste llevaría el resto de la tarde a Belgrano.
Mientras tanto, Tristán evaluaba la pérdida de su munición, de la mayor parte de la artillería y de sus avíos; ordenó a los restos de su tropa, que había perdido más de mil hombres entre muertos y heridos, avanzar sobre la ciudad e intimar su rendición bajo amenaza de incendiarla. Díaz Vélez fuerte en ella, respondió amenazando con el degüello de los prisioneros, entre los que se contaban cuatro coroneles, si Tristán tomaba alguna acción.
El español pernoctó fuera, dudando acerca del curso a seguir; por la mañana, encontró a la tropa de Belgrano a sus espaldas, que lo intimó a rendirse por medio del arrogante coronel Moldes. El jefe realista contestó, rechazando la oferta, que "las armas del rey no se rinden". A continuación se replegó con todo su ejército hacia Salta, mientras 600 hombres al mando de Díaz Vélez lo hostigaban.
"Aunque el triunfo de Tucumán -escribe Mitre- fue el resultado de un cúmulo de circunstancias imprevistas", cabe a Belgrano "la gloria de haber ganado una batalla contra toda probabilidad y contra la voluntad del gobierno mismo".
El material abandonado por los españoles y recuperado por Díaz Vélez y Dorrego —13 cañones, 358 fusiles, 39 carretas, 70 cajas de municiones y 87 tiendas de campaña— serviría al Ejército del Norte durante toda su campaña. 450 realistas perdieron su vida en el combate y otros 690, entre oficiales y soldados, fueron capturados en condición de prisioneros, entre estos los coroneles Pedro Barreda, Mariano Peralta, Antonio Suárez y José Antonio Álvarez Sotomayor. Por su parte, los defensores solo tuvieron 80 muertos y 200 heridos. Quedaron destruidos los regimientos y cuerpos militares de Cotabamba, Paruro, Abancay y parte del Real de Lima.
El 27 de octubre se celebró una misa de acción de gracias; en la procesión que llevaba la estatua de la Virgen de las Mercedes, Belgrano depositó su bastón de mando entre los cordones del ropaje de la imagen, proclamándola en agradecimiento como Generala del Ejército Argentino.
Moldes y Holmberg abandonarían el Ejército, pero se le sumaría Juan Antonio Álvarez de Arenales, con quien Belgrano emprendería el 12 de enero la marcha hacia Salta, donde los realistas se habían hecho fuertes.
La victoria consolidó la obra de la Revolución y alejó momentáneamente el peligro de un verdadero desastre. Si el ejército patriota se hubiera retirado, las provincias del norte se hubiesen perdido para siempre y el enemigo, dueño de un extenso territorio, habría llegado hasta Córdoba, donde le hubiera sido más fácil obtener la cooperación de los realistas de la Banda Oriental y de las tropas portuguesas del Brasil.
El triunfo tuvo también importantes consecuencias políticas, por cuanto Belgrano — que contaba con la simpatía de la Logia Lautaro — había derrotado al invasor contrariando las disposiciones del gobierno y demostrando el acierto de los opositores, cuando pedían auxilios para remitir al Ejército del Norte. En Buenos Aires, a los tres días de conocerse la noticia del combate, el Primer Triunvirato fue derribado por la Revolución del 8 de octubre.
Belgrano fue designado Capitán General, pero rehusó el ascenso con suma modestia.
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¿Alguien se sorprendió con la medida K de adelantar las elecciones? Pero…compañeros, ustedes mejor que nadie deben saber con la gente que están compitiendo en este año electoral, con quienes, además, han compartido hasta la lista. El factor sorpresa no es el adelantamiento de las elecciones legislativas nacionales, sino la desarticulación de las sociedades opositoras, que en forma abrupta tuvieron que empezar a cerrar acuerdos. Me extraña, compañeros, que nadie mejor que ustedes para los refranes y los buenos discursos que se hayan sorprendido. Basta con darse vuelta para mirar el camino político recorrido por Cristina y Néstor, pero sobre todo ver junto a quien lo han hecho. Para demostrar que esto no es casualidad voy a apelar al viejo recurso de la memoria, que pese a algunas fallas en este caso el archivo de los diarios respaldan esta historia. Antes de las elecciones presidencial 2003 el partido justicialista utilizaría el tradicional método recurrir a los voto internos, donde los compañeros elegirían a los candidatos para las elecciones generales. En aquel momento el por entonces Presidente de la Nación y del PJ, Eduardo Duhalde (impulsor de la candidatura del pingüino santacruzeño), decidió que aquellas internas no se realicen. La medida no fue casual, la presencia de Carlos Saúl Menem (tóquense lo que consideren necesario) encabezando una de las listas justicialistas como candidato presidencial. La maquinaria política para enfrentar al “turco” era insuficiente, de hecho quedó demostrado en la primera vuelta de las elecciones generales. Con aquella medida de anular las internar peronistas, varios compañeros aprovecharon para despegarse y abrir nuevos frentes (desde los K, hasta los Rodriguez Saa, pasando por De la Sota, etc, etc, etc). También era costumbre que los compañeros, por más diferencias internas que tuvieran a la hora de elegir, en las generales tiraban todos para el misma lado. Desde aquel momento ya nada fue lo mismo. Por eso, compañeros, a nadie debe sorprender esta decisión de adelantar la elecciones legislativas nacionales. Sobre todo teniendo en cuenta acontecimientos recientes como la pérdida en los sufragios catamarqueños y el cruce de vereda repentino de quienas antes caminaban junto a Cristina en el Congreso, en la Casa Rosada y en algunas Casas de Gobiernos provinciales. Compañeros, ustedes que son de armar discursos con frases hechas, que apelan a la memoria y a viejos refranes, deberían saber que “dime con quien andas y te diré quien eres”. O bueno, compañeros, en este caso particular sería: dime con quien compartiste el camino político y te diré como actuarás. Etiquetas: confrontación, la historia se repite, lucha, opinión, Política, temas pendientes, todo tiene que ver con todo

Con este nuevo paro agropecuario, agravado por la sequía en esta región de la República Argentina, muchos auguraban que la historia se repetiría. Pero nada de eso pasó. Los medios le dieron su tiempo al reclamo rural, pero siguieron atentos a otras cuestiones. Si, sorpresa. Lo que no sorprendió fue la actitud adoptada por los representantes del gobierno. Cristina siguió abocada a su agenda de inauguraciones y visitas protocolares, más allá de haber arrojado alguna frase sobre este conflicto. Por su parte el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, se fue de viaje con su familia a Grecia para festejar sus 50 años, junto a su hijo futbolista que milita en un club griego. Si hasta se duda de su presencia en la jura de la nueva constitución, pero esto es arena de otro costal. En realidad del que más se esperaba era del secretario de agricultura, ganadería y pesca de la nación, Carlos Cheppi, quien asumió el cargo luego finalizada la primera etapa del conflicto. Pero éste también fue indiferente con los productores apostados nuevamente a la vera de las rutas nacionales, aunque menos que otros sectores del gobierno. Los ruralistas advierten con medidas más duras de protestas, ante la indiferencia del gobierno y porque no también de los medios de comunicación y de muchos sectores de la sociedad argentina que en la primera etapa, justificaron los cortes y hasta se animaron a salir a la calle a golpear sus cacerolas.
Ahora vuelvo con la idea de que la historia se repite como en esa película que… bueno y todo eso.
Tal vez algún memorioso lector quizás recuerde lo que sucedió con el reclamo ambiental de Gualeguaychú por la instalación de Botnia en Fray Bentos. Esta película también ocupó el primer lugar en la cartelera de la realidad argentina en su momento. El apoyo de muchos sectores de la sociedad y todos los medios de comunicación aglomerados en el corte de ruta de arroyo verde. Vaya coincidencia, la postura de los gobiernos (nacional y provincial) fue la misma que ahora: indiferencia, más allá de algún intento superficial de mejorar la situación. La postura de la secretaria de medio ambiente y desarrollo sustentable de la nación, Romina Picolotti, fue la de esperar órdenes de sus superiores. Se debe haber sentado la muchacha, pues nunca le llegaron.
Dos películas de distintos géneros, o mejor dicho del mismo (por esto de que todo tiene que ver con todo), que parecen tener el mismo final. Indiferencia de quien tiene el deber de tomar las medidas correspondientes, los gobernantes y sus funcionarios. Olvido por parte de muchas personas que acompañaron el reclamo en un principio, pero que luego se fueron quedando sin ganas de reclamar. Pero sobre todo y creo yo lo más importante, otra vez la notoria falta de una política seria y planificada para un país que la necesita urgente.
Si la película no le gustó deje su comentario y vaya urgente a alquilar otra. Pero no se olvide que el género no importa, la historia siempre se repite.
-¡¡¡Corten!!!
Cual adolescente que espera a que sus padres se vayan de viaje para quedarse solo en la casa y jugar a ser independiente, el vicepresidente de la nación, Julio César Cleto Cobos, aprovecha la ausencia de Cristina para llevar invitados a la Casa Rosada. A simple viste pareciera que los visitantes buscan una diálogo con el gobierno de turno en ausencia de sus máximos referentes, Cristina y Néstor, ya que en presencia de ellos las puertas de la Casa están cerradas. Ni lerdos, ni perezosos, tanto Cobos como Macri se reunieron y posaron para las cámaras. El jefe de gobierno porteño y su vice, llegaron para hacer un reclamo económico de la Ciudad a la Nación (poco nos importa ese problema a los de acá, además este no es el objetivo del escrito). Al día siguiente, continuando como dueño de casa, Cobos recibió al presidente de la FAA, Eduardo Buzzi, quien hace rato pide en los medios de comunicación un diálogo con el gobierno. Esta vez a Buzzi
le tocó nuevamente hablar con quien ya se ha convertido en un viejo conocido, el Vicepresidente de la Nación, el mismo que diera su voto no positivo a la resolución 125. Nada de esto gustó en el oficialismo kirchnerista. En definitiva ¿qué quiere demostrar Cleto? Su ideología es totalmente contraria a la de los K, que dicen ser peronistas y Cobos viene del seno del radicalismo. Con estas invitaciones Cleto busca plantearle un desafío a Cristina. El desafío que nunca habría alcanzado en las elecciones. Ahora habrá que ver si el aumento de su imagen positiva se refleja en las urnas. Aunque ya dijo que no se va a postular en 2011, Cobos no está haciendo más que lo que hizo Néstor Kirchner para ocupar la presidencia de la nación en el 2003, cuando amparó bajo el ala de Duhalde y después de llegar a la presidencia se echó a volar solo. Cleto primero fue un aliado incondicional para reunir los votos de los radicales K y sumarlos a los del aparato Duhalde-Kirchnerista. Ahora que ya está ahí y tiene la posibilidad se les plantó, al parecer, para dar pelea. En otras palabras, le está dando de tomar de su propio remedio. Esto no es más que otra de tantas muestras de la falta de códigos que existe en la política de los últimos años, donde los proyectos no se discuten y donde lo único que importa es el beneficio individual. Juguemos en la Casa mientras Cristina no está ¿Cobos, está? Sí, está.